Daldera

Ilustración botánica: del ejemplar en la mano a la lámina terminada

Daldera reúne notas de taller sobre ilustración botánica: cómo se mira una planta antes de dibujarla, cómo se mide para que la lámina conserve las proporciones del ejemplar, cómo se pasa del grafito a la tinta y cómo se levanta el color en capas finas de acuarela. Es un sitio de lectura, escrito para quien dibuja plantas con cierta constancia y quiere ordenar el método.

Lámina de acuarela botánica en proceso sobre una mesa de taller, con una paleta cargada de mezclas y pinceles al lado
Una lámina avanza por capas: el color se levanta en veladuras sucesivas y la paleta se mantiene corta para que los verdes y los rojos sigan siendo mezclas reconocibles.

01

Observación del ejemplar y notas de campo

La lámina empieza mucho antes del primer trazo. Una planta recién cortada cambia de aspecto en cuestión de horas: los pétalos se cierran o se marchitan, las hojas tiernas pierden turgencia y los colores más frágiles —los rosas, los violetas, los amarillos limpios— viran hacia tonos apagados. Por eso conviene registrar primero lo que va a desaparecer y dejar para después lo que se mantiene estable, como la nervadura de una hoja madura o la forma general del tallo.

Las notas de campo cumplen dos funciones. Sirven para reconstruir el ejemplar cuando ya no está fresco y sirven para situarlo: una misma especie no se dibuja igual si crece a pleno sol en un suelo pobre o a media sombra en un talud húmedo. En el sur y el levante peninsular, además, la estacionalidad es corta y muchas floraciones se resuelven en tres o cuatro semanas, de modo que la nota escrita suele ser el único modo de volver a un estado que ya pasó.

Un cuaderno útil no es un cuaderno bonito. Basta con apuntes breves, alguna mancha rápida de color hecha con el ejemplar delante y un par de croquis que fijen ángulos y disposición de las partes.

Lo que conviene anotar antes de dibujar

  • Fecha, hora aproximada y lugar, con una referencia que permita volver al mismo punto.
  • Ambiente: exposición, tipo de suelo, humedad, plantas acompañantes.
  • Estado fenológico: botón, flor abierta, flor pasada, fruto verde, fruto maduro.
  • Colores que se pierden al secar, con una mancha de acuarela hecha en el momento.
  • Textura y superficie: brillo, pelosidad, ceras, aspereza del envés.
  • Porte de la planta entera, aunque solo se vaya a dibujar una rama.
  • Olor, savia o resina, si los hay, y cualquier reacción al corte.

Cuando la planta se recoge, conviene tomar solo lo necesario y comprobar antes que la especie no esté protegida ni el lugar sujeto a restricciones; en muchas zonas del país la recolección en espacios naturales requiere autorización previa.

02

Medida, escala y proporción

La diferencia más visible entre un dibujo decorativo y una ilustración botánica es que la segunda se puede medir. La convención más extendida consiste en representar la planta a tamaño natural, indicado como ×1, y reservar las ampliaciones para los detalles que no se leerían de otro modo: un estambre, un tricoma, la sección de un ovario. Cada ampliación se marca junto al detalle correspondiente, y una escala gráfica en la lámina permite comprobar la relación incluso si la imagen se reproduce a otro tamaño.

Antes de trazar nada conviene tomar unas pocas medidas maestras con regla o calibre: longitud total de la rama, longitud y anchura máxima de una hoja tipo, longitud del pecíolo, diámetro de la flor abierta, longitud del pedicelo. Con cinco o seis datos se sostiene toda la construcción; el resto se resuelve por relación, comparando cada parte con la que ya está dibujada.

Los errores de proporción suelen repetirse. La hoja tiende a salir más ancha de lo que es, porque se dibuja la idea de hoja y no la que está delante. El pecíolo se acorta, porque estorba a la composición. La flor se agranda, porque es la parte que más interesa. Medir dos veces y comparar en voz alta —«esta hoja es dos veces y media más larga que ancha»— corrige casi todo.

Comprobaciones antes de pasar a limpio

  • Relación largo/ancho de la hoja tipo verificada con el ejemplar delante.
  • Ángulo de inserción de hojas y ramas tomado del natural, no supuesto.
  • Longitud de pecíolos y pedicelos medida, no estimada.
  • Escala del dibujo declarada (×1, ×2, ×4) y coherente en toda la lámina.
  • Escala gráfica prevista en el margen, con su unidad.
  • Detalles ampliados situados de modo que se relacionen con la parte de origen.

03

Del lápiz de construcción a la línea de tinta

El dibujo previo se hace con grafito duro y presión mínima. Un 2H apenas marca el papel y se borra sin dejar surco, lo que importa cuando encima va a ir acuarela: cualquier hendidura retiene pigmento y aparece como una línea sucia en la primera veladura. La construcción se resuelve por volúmenes simples —ejes, elipses, envolventes— y solo al final se ajusta el contorno definitivo.

Cuando el trazado ya es fiable, se pasa a la hoja definitiva. Lo habitual es dibujar en un papel de trabajo y transferir el resultado con mesa de luz, de modo que el papel bueno reciba una única línea limpia y no acumule borrados. Sobre papel de grano fino y gramaje alto la transferencia se ve bien con una luz moderada.

La tinta se emplea cuando la lámina va a ser lineal o cuando se quiere un contorno firme bajo el color. La plumilla permite modular el grosor con la presión: línea más gruesa en el lado en sombra y en los cruces, más fina en los bordes iluminados y en las puntas. El volumen se construye con punteado, más denso donde la forma se aleja de la luz, o con trama corta que siga la curvatura de la superficie. Conviene trabajar de la parte más alejada del brazo hacia el cuerpo para no arrastrar tinta fresca.

Secuencia habitual

  1. Construcción con 2H, presión ligera, sin definir todavía el contorno.
  2. Ajuste de proporciones y corrección sobre el mismo papel de trabajo.
  3. Transferencia a la hoja definitiva con mesa de luz.
  4. Entintado del contorno, modulando el grosor según luz y cruce de planos.
  5. Punteado o trama en las zonas de sombra, siguiendo la superficie.
  6. Secado completo de la tinta antes de borrar el grafito restante.
  7. Borrado suave con goma blanda, sin frotar la superficie del papel.

04

Veladuras de acuarela y elección de pigmentos

La acuarela botánica se levanta por capas finas y transparentes. Cada veladura aporta poco color y deja ver la anterior; el conjunto gana profundidad porque la luz atraviesa las capas y rebota en el blanco del papel. El error más común es intentar alcanzar el tono definitivo en la primera pasada: el color queda plano, el pigmento se asienta con marcas duras y ya no hay margen para modelar.

Entre capa y capa hay que esperar a que el papel esté completamente seco, no solo mate. Un pincel cargado sobre una zona a medio secar arrastra el pigmento anterior y deja cercos difíciles de corregir. Con una paleta corta, además, las mezclas se mantienen coherentes en toda la lámina y no aparecen verdes de procedencias distintas en la misma rama.

Sobre los verdes conviene una advertencia práctica: casi ninguno se resuelve bien con un verde de tubo aplicado tal cual. Los verdes de las hojas son mezclas, y suelen necesitar un amarillo, un azul y una pequeña cantidad de rojo o de tierra para perder saturación. Un verde de hoja madura en verano tiene mucho menos croma del que se supone.

Una paleta de trabajo razonable

  • Dos amarillos: uno frío y transparente, otro cálido y algo más denso.
  • Un rojo de quinacridona, útil tanto para flores como para rebajar verdes.
  • Un azul ftalo, para verdes vivos, y un ultramar, para verdes apagados y sombras.
  • Una tierra siena y una tierra sombra, para tallos leñosos y hojas secas.
  • Un violeta o un azul granulante para las sombras frías del envés.
  • Una carta de mezclas hecha en el mismo papel de la lámina, no en otro.

Merece la pena distinguir entre pigmentos que granulan y pigmentos que tiñen. Los primeros depositan partícula y sirven para superficies rugosas o cerosas; los segundos penetran en la fibra, apenas se levantan y conviene reservarlos para las capas finales. Los blancos no se pintan: se dejan, y por eso las zonas de brillo se planifican antes de mojar el papel.

05

Pliego de herbario con hojas y helechos prensados sobre papel artesanal, cada ejemplar acompañado de una etiqueta manuscrita con su nombre científico
Un pliego ordenado permite comparar formas, márgenes y nervaduras de varias especies en la misma superficie, con la etiqueta junto a cada ejemplar.

Hojas, nervaduras, flores y cortes

Una hoja no se dibuja como una mancha con un palo en medio. El nervio principal marca la curvatura de toda la lámina foliar y los secundarios salen de él con un ángulo constante que es propio de cada especie. Si ese ángulo se dibuja de memoria, la hoja deja de pertenecer a la planta que se tenía delante. Lo mismo ocurre con el margen: entero, dentado, aserrado o lobulado son diferencias que se leen a simple vista y que la lámina debe conservar.

El brillo y la pelosidad se resuelven con recursos distintos. Una superficie lustrosa pide reservas de blanco definidas y contrastes cortos; una superficie cubierta de pelos pide bordes algo abiertos, veladuras muy diluidas y algún trazo fino en el contorno que sugiera el vello a contraluz.

En las flores conviene entender la estructura antes que el color: cuántas piezas hay en cada verticilo, cómo se disponen, qué tapa a qué. Los cortes ayudan a explicar lo que el exterior esconde. Una sección longitudinal del ovario, un corte transversal del tallo o un estambre separado y ampliado dicen más que un texto largo, y se sitúan alrededor del ejemplar principal con su factor de ampliación indicado.

06

Herbario: prensado y secado

El pliego de herbario es la memoria del ejemplar. Aunque el color se pierda, quedan la forma, el margen, la nervadura, la disposición de las hojas y, con frecuencia, restos de flor o fruto que permiten comprobar una duda meses después. Para quien ilustra, el herbario funciona como archivo de referencia: no sustituye a la observación en fresco, pero evita inventar cuando la memoria falla.

El prensado es sencillo y exige constancia. La planta se coloca entre papeles absorbentes, con cartones a ambos lados para que circule el aire, y se somete a una presión moderada y uniforme. Lo decisivo son las primeras cuarenta y ocho horas: si el papel no se cambia, la humedad se queda dentro y aparecen manchas pardas o moho. Los órganos gruesos —bulbos, frutos carnosos, tallos leñosos— se cortan longitudinalmente para que sequen a la vez que el resto.

Prensado paso a paso

  1. Limpiar tierra e insectos y recortar lo que no aporte información.
  2. Colocar el ejemplar extendido, dejando alguna hoja con el envés a la vista.
  3. Intercalar papel absorbente y cartón para permitir el paso del aire.
  4. Aplicar presión uniforme, sin aplastar los órganos más frágiles.
  5. Cambiar el papel a las pocas horas y de nuevo al día siguiente.
  6. Repetir el cambio cada uno o dos días hasta que el material esté seco y rígido.
  7. Montar sobre papel neutro y adjuntar la etiqueta con los datos de recolección.

La etiqueta acompaña al pliego para siempre, así que conviene escribirla con calma: nombre de la especie tal como se ha determinado, familia, lugar con la mayor precisión posible, ambiente, fecha y cualquier observación hecha en fresco, sobre todo el color. Un pliego sin etiqueta pierde casi todo su valor documental.

07

Formato de lámina y pies de figura

La lámina se compone antes de dibujar. Se decide el formato, se reservan márgenes generosos —el papel necesita aire y también manos que lo sujeten sin tocar la imagen— y se sitúa el ejemplar principal, normalmente algo descentrado, dejando espacio para los detalles ampliados y para el texto. Cuando la composición se improvisa sobre la marcha, casi siempre falta sitio justo donde hace falta.

Los detalles no se reparten al azar: se colocan cerca de la parte que amplían y siguiendo un orden de lectura, de arriba abajo y de izquierda a derecha. Si hay varios cortes, mantener el mismo criterio de orientación en todos ellos ayuda a compararlos.

El pie de figura es parte de la lámina, no un añadido. Escrito con letra sobria y a un cuerpo menor que el resto, informa sin competir con la imagen.

Qué debería contener el pie

  • Nombre científico completo, con el autor, y familia.
  • Localidad y fecha de recolección u observación del ejemplar dibujado.
  • Escala del conjunto y factor de ampliación de cada detalle.
  • Identificación breve de las partes representadas y de los cortes.
  • Técnica empleada y dimensiones de la imagen.
  • Fecha de ejecución de la lámina.

08

Papel, pinceles y conservación de las láminas

El papel condiciona el resultado más que ninguna otra decisión material. Para acuarela botánica se emplea sobre todo papel de algodón de grano satinado y gramaje alto, porque permite trazos finos, admite varias veladuras sin desfibrarse y facilita levantar color con un pincel limpio. El encolado importa: un papel poco encolado absorbe el pigmento de inmediato y deja bordes duros; uno muy encolado deja resbalar la mezcla y obliga a trabajar más despacio.

De pinceles hace falta menos de lo que parece. Dos o tres redondos de buena punta —uno medio para las masas, uno pequeño para modelar, uno muy fino para nervios y pelos— cubren casi toda la lámina. Lo que se busca es que el pincel recupere la punta al levantarlo y que retenga agua suficiente para resolver una veladura sin recargar a mitad de camino.

La conservación empieza el día que la lámina se termina. Las obras sobre papel se guardan planas, no enrolladas, en carpetas o cajones con papel neutro intercalado. Conviene evitar la luz directa, las variaciones bruscas de humedad y las fundas de plástico blando, que con el tiempo pueden alterar la superficie. En zonas costeras, como buena parte del litoral español, el control de la humedad merece más atención que el de la temperatura.

Almacenamiento del trabajo terminado

  • Láminas planas, con papel neutro entre una y otra.
  • Carpetas o cajones cerrados, lejos de la luz directa.
  • Humedad relativa estable y ambiente ventilado.
  • Manipulación por los bordes o con guantes limpios de algodón.
  • Reverso anotado a lápiz con especie, fecha y técnica.
  • Revisión periódica del material almacenado, sobre todo tras cambios de estación.

09

Qué se publica aquí

Daldera es un proyecto editorial independiente y todo su contenido es de lectura libre. Lo que se publica son notas de método sobre el trabajo de taller: secuencias explicadas paso a paso, fichas sobre materiales, vocabulario descriptivo aplicado al dibujo y listas de comprobación como las que aparecen en esta página. El criterio es que cada texto sirva delante de la mesa de trabajo y no solo en la pantalla.

El material se escribe pensando en quien ya dibuja y quiere afinar el procedimiento: alguien que sabe manejar la acuarela pero no acaba de resolver los verdes, o que dibuja bien pero no mide, o que acumula ejemplares secos sin etiqueta. No hay cursos, ni encargos, ni venta de materiales; tampoco se publican contenidos ajenos al tema del proyecto.

Los textos se revisan y amplían cuando la práctica lo aconseja, de modo que una misma sección puede cambiar con el tiempo. Si algo resulta incompleto o discutible, escribir al proyecto es la manera más directa de señalarlo.

10

Contacto

Para dudas sobre los contenidos, correcciones o sugerencias de temas relacionados con la ilustración botánica, el correo electrónico es la única vía de contacto del proyecto.

Daldera · [email protected]

Los mensajes se leen y se responden cuando procede. No se envían boletines ni comunicaciones comerciales.